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Lipidosis Hepática Felina

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RESUMEN

La lipidosis hepática felina (también conocida como enfermedad del hígado graso, y una de las enfermedades más comunes en el gato), se trata de una enfermedad en la que se produce una acumulación excesiva de triglicéridos en el hígado, y aparece cuando hay un desequilibrio entre las tasas de depósito y de movilización de grasa de este órgano.

Es una condición en la cual la grasa se acumula de forma patológica dentro de las células del hígado, causando disfunción hepática.

CAUSAS DE LA ENFERMEDAD

Los mecanismos de esta enfermedad incluyen lesiones hepáticas nutricionales, metabólicas, hormonales, tóxicas e hipóxicas (bajo nivel de oxígeno).

Esta enfermedad también puede ser secundaria a una enfermedad inflamatoria intestinal y pancreatitis.

Mecanismos importantes en el desarrollo de lipidosis hepática idiopática

 

Anorexia (pérdida de apetito) y pérdida de peso.

La LH suele afectar a gatos con sobrepeso que presentan inapetencia prolongada (2 ó más semanas). Éstos no son capaces de adaptarse al metabolismo de la grasa para obtener energía durante el ayuno.

Estrés

Muchos gatos entran en anorexia por un estado de estrés (cambios en dieta, en el hábitat,etc.).

Diabetes mellitus

Es una causa bien conocida y fácilmente diagnosticada de LH.

Acumulación de lípidos en los hepatocitos.

Movilización excesiva de grasa de los lugares de almacenamiento periféricos, que puede sobrepasar la dispersión y el metabolismo hepático de la grasa.

Síntesis hepática aumentada de triglicéridos.

Incapacidad del hígado para oxidar los Ác. Grasos adecuadamente.

Deficiencia de arginina.

Los gatos con lipidosis tienen bajas concentraciones de Arginina.

Deficiencias de taurina.

Puede contribuir a la colestasis intrahepática (Es necesaria para la conjugación de los ácidos biliares hepáticos y el metabolismo normal de los ácidos biliares).

     
SÍNTOMAS DE LA LIPIDOSIS HEPÁTICA

Esta enfermedad afecta a los gatos sin importar la edad, raza o sexo. Muchos, pero no todos los gatos afectados, son obesos antes del inicio de la enfermedad.

La anorexia prolongada, a menudo con una duración de varias semanas, es el síntoma clínico más constante. Además, también puede aparecer letargo, vómitos, estreñimiento o diarrea y pérdida de peso. La pérdida de peso puede ser importante y puede exceder el 25% del peso anterior.

Los gatos con alteraciones electrolíticas graves (descompensación de los diferentes elementos esenciales en la fisiología, tales como sodio, potasio, fósforo, etc.), presentan debilidad, postración y ventro-flexión (flexión hacia abajo) de cabeza y/o cuello, normalmente producido por la hipopotasemia (disminución de Potasio).

Los casos más críticos pueden desarrollar trastornos de coagulación, debilidad, postración por falta de fosfatos y tiamina, así como apoyo de cabeza e hipersalivación por encefalopatía hepática. La ascitis (acumulación de líquido en cavidad abdominal) no suele estar presente en gatos con lipidosis y, cuando aparece, es secundaria a otras patologías como pancreatitis, tumores o PIF (virus de la peritonitis infecciosa felina).

 Estos animales presentan deshidratación e ictericia (coloración amarillenta de la piel y mucosas); y la palpación abdominal no suele ser dolorosa y puede revelar hepatomegalia (hígado mayor de lo normal), aunque no es un hallazgo constante. Además, existe adelgazamiento y pérdida de masa muscular conservando la grasa abdominal.

DIAGNÓSTICO

Los hallazgos clínicos que se observan y la evaluación de laboratorio en el gato con lipidosis hepática idiopática sugieren enfermedad hepática, pero es necesaria una biopsia de hígado para distinguir la lipidosis hepática de otras causas de enfermedad hepática como colangio-hepatitis, PIF y neoplasia. Cuando la lipidosis hepática es secundaria a otra alteración, son necesarias pruebas adicionales que identifiquen la enfermedad primaria.

Estudio de laboratorio.

En la Lipidosis Hepática, el hemograma (estudio de las células sanguíneas), presenta una ligera anemia no regenerativa (la disminución de glóbulos rojos es mayor que la reposición de éstos por parte de la médula ósea). La actividad de las enzimas hepáticas y los ácidos biliares se encuentran normalmente aumentados en la sangre.

Radiografía y Ecografía

En la prueba radiográfica se puede ver un hígado normal o aumentado de tamaño. Y en la ecografía puede haber hepatomegalia (aumento de tamaño del hígado) y la ecogenicidad aumentada (la intensidad de brillo con que se presenta el hígado está aumentada). La ecografía también ayuda a excluir algunas patologías asociadas que producen una Lipidosis Hepática secundaria. Además, se puede discernir entre una Lipidosis Hepática primaria y una secundaria a una pancreatitis, obstrucción biliar extrahepática o a una enfermedad inflamatoria crónica intestinal. A su vez, con esta técnica se puede obtener una muestra del parénquima hepático con una punción-aspiración con aguja fina.

Citología

La citología por aspiración es una alternativa menos invasiva a la biopsia hepática que puede proporcionar información similar. Pero en ocasiones, los resultados de la citología pueden no ser fiables debido a que el pequeño tamaño de la muestra puede no ser representativos del proceso patológico del hígado. En este examen, los hepatocitos son espumosos y vacuolizados, y no aparecen células inflamatorias.

Es importante saber que el diagnóstico definitivo está íntimamente relacionado con la biopsia hepática.

En la tinción de microscopía se aprecia vacuolización grave de los hepatocitos, afectando al menos al 50% de los hepatocitos.

TRATAMIENTO

El objetivo del tratamiento es eliminar o revertir la causa original del proceso, normalmente culpable de la anorexia, corregir las alteraciones sistémicas asociadas a la disfunción del hígado, y facilitar la regeneración hepática.

Estabilización del paciente.

El tratamiento comienza por estabilizar al animal con fluidoterapia para compensar la deshidratación y los desequilibrios electrolíticos y acido-básicos.

Muchos de estos pacientes presentan cantidades bajas de potasio en sangre debido a la anorexia, siendo preciso medir los niveles y corregirlos. Es importante, suplementar con Vitamina B1 (Tiamina) y Vitamina K1, ya que existe cierta tendencia al sangrado en estos pacientes. La taurina también está recomendada por algunos clínicos durante el primer mes de tratamiento. Se controlarán los vómitos con medicamentos antieméticos como metoclopramida o cisaprida.

Si la Lipidosis Hepática es secundaria a otra enfermedad, será necesario un tratamiento específico para esa patología.

Apoyo nutricional.

Además, tenemos que contar con el apoyo nutricional, que es el tratamiento con el que mayor éxito se consigue. Durante la estabilización, ya se podrá instaurar una alimentación enteral (alimentación por boca), si el estado del animal lo permite. En el caso contrario, se podrá colocar una sonda nasogástrica, cuya implantación resulta mínimamente invasiva. Sin embargo, esta vía de alimentación no debe prologarse, debido al riesgo de rinitis y a que la luz de estas sondas pequeñas limita la alimentación a una dieta líquida.

 Los estimulantes del apetito orales son, por lo general inadecuados para conseguir una ingesta calórica constante, como es el caso de las benzodiacepinas, que pueden provocar necrosis hepática aguda (muerte celular).

Se recomienda una comida para gatos equilibrada, pudiendo administrarse en forma de lata mezclada con agua, para conseguir una papilla y poderla administrar a través de la sonda. Es importante, administrar esta comida entre 4-6 veces al día, e ir aumentando las cantidades de comida gradualmente y disminuyendo las tomas.

PRONÓSTICO

Cuando se sospecha de una Lipidosis Hepática es necesario diferenciar si se trata de una primaria o secundaria, ya que este segundo caso suele tener peor pronóstico. En general, es reservado/grave, dependiendo de si el paciente ha desarrollado una insuficiencia hepática.

Con el tratamiento nutricional y de apoyo energético, aproximadamente el 60-80% de los gatos con lipidosis responde en 3-6 semanas. Los parámetros bioquímicos son a menudo normales a las 4 semanas. La recurrencia de la enfermedad es rara y no hay ninguna evidencia de daño residual hepático.

Es importante saber que, cuanto antes se instaure un tratamiento, mejor será el pronóstico. Si el paciente no recibe un tratamiento dietético agresivo o el diagnóstico es tardío, el índice de mortalidad puede alcanzar el 90%.

CONCLUSIONES

En definitiva, la Lipidosis hepática felina es un síndrome complicado de diagnosticar de forma definitiva debido a su similitud y, con frecuencia concomitancia, con otras enfermedades, por lo que es necesario utilizar todas las técnicas diagnósticas posibles para detectar otras enfermedades.

Es importante intentar controlar aquellos gatos obesos que presenten un cuadro de anorexia durante más de tres días, así como los gatos diabéticos. Es aconsejable proporcionar una comida completa y equilibrada mientras se busca la causa de la enfermedad.

BIBLIOGRAFÍA

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